
El Centro Flamenco Puro, la revista Mundo Flamenco y la sección de flamenco del Conservatorio de Róterdam ya no existen. Pero el flamenco ha arraigado en los Países Bajos. La Bienal Flamenca sigue llenando teatros y se puede aprender a bailar y tocar la guitarra en todas las ciudades del país. Hasta se canta flamenco.
El flamenco siempre ha gustado a los holandeses, sobre todo el baile. Quizás porque les faltaba una tradición similar en su propio país. El calvinismo, la forma del protestantismo que inspiró a los holandeses separarse de España en el siglo XVI, considera bailar una frivolidad sospechosa. Y cantar era algo que preferiblemente se hacía en la iglesia, no para divertirse.
Los holandeses siempre han sido viajeros y aprovechaban de sus viajes para disfrutar las cosas que les eran prohibidas o desaprobadas en su propio país. Ya en 1517 un tal Vital describió los bailes de unas mujeres en frente del Palacio de Carlos V, tocando panderetas y con sus faldas volando, así que se veían las rodillas.
Por supuesto esos bailes no tenían que ver con el flamenco. Eso empezó en el siglo XIX. Del flamenco auténtico nos hablan los testimonios de los viajeros románticos holandeses: escritores y pintores en búsqueda de lo exótico en el sur de España, sobre todo los toros y los bailes gitanos. Gente como el escritor Marcellus Emants, el pintor/escritor Jac van Looy y padre e hijo Israels, ambos pintores, que dejaron sus impresiones en sus libros y sus cuadros.
Alrededor del 1900 aparecieron los primeros informes sobre flamenco en los periódicos holandeses. Esos informes suelen alabar el baile. El cante, tan apasionado y melancólico, gustaba menos a los holandeses sensatos.
Quizás porque la austeridad calvinista desaparecía gradualmente en el siglo XX, la popularidad del flamenco iba aumentando. Venían artistas a Holanda para actuar, como Vicente Escudero y Pepe el de la Matrona.
«Del flamenco auténtico nos hablan los testimonios de los viajeros románticos holandeses: escritores y pintores en búsqueda de lo exótico en el sur de España, sobre todo los toros y los bailes gitanos. Gente como el escritor Marcellus Emants, el pintor/escritor Jac van Looy y padre e hijo Israels, ambos pintores, que dejaron sus impresiones en sus libros y sus cuadros»

Entre 1957 y 1988 el empresario holandés Herbert da Silva en colaboración con el bailaor sevillano Curro Vélez organizaba giras anuales de artistas flamencos bajo el nombre Fiesta Gitana. Así llevó a Holanda a artistas como La Tati, Chano Lobato, Pepe Habichuela y Carmen y Carmelilla Montoya. Para muchos holandeses era su cita anual con el flamenco.
El verdadero boom flamenco en Holanda ocurrió en los años ochenta del siglo pasado. Convergieron unos acontecimientos que causarían un gran interés al flamenco: el éxito de la película Carmen de Carlos Saura y Antonio Gades en 1983, la popularidad de los Gipsy Kings, un grupo de artistas gitanos del sur de Francia que hacían su versión de la rumba catalana, que a los holandeses les sonaba flamenco, y en 1985 el Conservatorio de Róterdam fue el primer conservatorio en el mundo –incluida España– que constituyó un departamento de guitarra flamenca, bajo la tutela de Paco Peña, un guitarrista cordobense que vivía en Londres. Y en 1986 el bailaor Rini Kersten fundó el Centro Flamenco Puro, una escuela de baile y a la vez agencia en Utrecht que organizaba espectáculos flamencos con los mejores artistas españoles. Por eso la ciudad recibió el apodo Utrera del Norte.
En Ámsterdam la Fundación Terremoto de Maria Spaans invitaba a bailaores y bailaoras españoles para dar cursillos. En junio solía organizar una actuación en la que los alumnos de todos los profes de flamenco que querían podían presentar sus coreografías.
Había escuelas de baile, cursillos y actuaciones, pero ¿cómo saber dónde y cuándo pasaban en esa época en que Internet apenas existía? Por eso en 1990 se creó una revista flamenca en neerlandés, que bajo varios nombres –Aficionao, Tablao Flamenco y Mundo Flamenco– existiría treinta años, siempre llevada por voluntarios, pero creciendo de unos folios fotocopiados hasta una revista en color con reportajes, entrevistas, reseñas y letras traducidas.
En 2006, Ernestina van de Noort fundó la Bienal Flamenca de Países Bajos, un festival que en 2025 ya llegó a su décima edición. En los primeros años fue una cooperación con el Teatro RASA en Utrecht, pero luego Van de Noort continuaba el festival sola, poniendo su sello de huir de los clichés flamencos y mostrando una predilección por flamenco fusión y vanguardista.
El boom flamenco ya pasó. El Centro Flamenco Puro, la revista Mundo Flamenco y la sección de flamenco del Conservatorio de Róterdam ya no existen. Pero el flamenco ha arraigado en los Países Bajos. La Bienal Flamenca de Países Bajos sigue llenando teatros y se puede aprender a bailar y tocar la guitarra en todas las ciudades del país. Hasta se canta flamenco, sea más en coros flamencos que en solitario. Los aficionados se reúnen en peñas mensuales en Ámsterdam y Utrecht. No es sorprendente que el Festival de Jerez cada año acoja una gran delegación holandesa, que llena los estudios de baile y las butacas del teatro. Y que, ¿cómo no?, se atreve a bailar una pataíta en una juerga, porque tan calvinistas ya no son.
Texto: Marlies Jansen

